Brennen Miller: Talar madera con respeto
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Tras comenzar a las 4:30 a. m. y conducir dos horas hasta el terreno irregular de una densa arboleda, Brennen Miller se pone manos a la obra. Lo han contratado para talar la madera de forma segura en este terreno, recolectando un recurso esencial que se utilizará para las innumerables necesidades básicas de la vida moderna, desde postes telefónicos hasta nuevas viviendas.
Miller es talador de árboles por contrato y propietario de Top Heavy Timber LLC. Desde que tiene memoria, su vida ha estado marcada por el bosque. Miller creció rodeado de taladores de árboles en una comunidad boscosa entre el Parque Nacional de Yosemite y el Parque Nacional de las Secuoyas. Le pareció natural seguir ese camino profesional.
“Era una comunidad maderera histórica, con mucho trabajo forestal aún en la zona. Eso siempre me inspiró la idea”, recuerda Miller. Quince años después, Miller no solo es dueño de un negocio, sino también un experto educador y defensor de la industria maderera.
LA VERDAD DEL COMERCIO
Para algunas personas, la profesión de talador de árboles evoca imágenes de bosques destruidos y tierras áridas. Miller se apresura a rebatir esta visión, explicando que su trabajo nunca ha consistido en demoler árboles.
“El aspecto de la extracción de madera está muy mal representado”, explica. “Suministramos productos a prácticamente cualquier industria imaginable. Ya sean vigas estructurales para edificios o casas, árboles de engorde que cortamos para fabricar lápices y palillos, o productos de fibra… No logro comprender a qué industrias va destinado este recurso”.
Miller enfatiza que su trabajo se realiza principalmente en terrenos privados, donde se cultivan árboles para su cosecha. La mayoría de los árboles que Miller corta provienen de granjas forestales: parcelas cercadas, cultivadas y replantadas para que las generaciones futuras puedan seguir aprovechando este recurso.
No vamos a ir a un bosque nacional a talar árboles viejos. Este terreno es privado y está destinado a la silvicultura.
CULTIVOS QUE TARDAN DÉCADAS EN COSECHARSE
Miller anima a la gente a pensar en los árboles como lo hacen con otros tipos de cultivos.
Una buena forma de verlo es que estos árboles son esencialmente como el maíz. Una vez cosechado, se replanta y se vuelve a cosechar cuando está listo. Y eso es exactamente lo que ocurre aquí, solo que en lugar de ser anual o bianual, es un ciclo de cosecha de 30, 60 u 80 años.
El largo ciclo de rebrote puede hacer que las explotaciones madereras taladas a ras del suelo parezcan destructivas, pero Miller enfatiza que cada parcela ya ha sido talada, a veces varias veces durante el último siglo, y se replanta inmediatamente después de la cosecha. "Lo llamamos reposición de masas forestales, porque eso es exactamente lo que estamos haciendo", dice.
Para Miller, tratar la madera como cualquier otro cultivo nunca disminuye su respeto por los árboles. "El árbol nos proporciona algo", dice. "Tiene valor para mí, tanto económicamente como en los productos que utilizo. Respeto el árbol evitando destrozarlo cortándolo en el lugar equivocado. Hay que tratar la madera, el rodal en sí, con respeto y talarlo de la manera más productiva y eficiente".
PROTEGIENDO A LAS COMUNIDADES CONTRA LOS INCENDIOS
Más allá de la tala de árboles, el trabajo de Miller suele incluir la prevención de incendios forestales, donde siente un profundo sentido de propósito. En su opinión, los taladores de árboles están en primera línea no solo en la recolección de recursos, sino también en la seguridad ambiental, interviniendo para eliminar los peligros y que los bomberos puedan concentrarse en contener los incendios.
“Lo que realmente me apasiona es la segunda mitad del trabajo”, dice. “Durante un incendio forestal activo, cortamos árboles que se consideran demasiado peligrosos para los bomberos y permitimos que ellos mismos intenten detener la propagación del incendio. De paso, ayudamos a la comunidad, y que Dios bendiga a sus habitantes. Están sumamente dispuestos a ayudarnos”.
EL VERDADERO VALOR DE LA EXPERIENCIA
El trabajo de Miller requiere décadas de experiencia, criterio y precisión, cualidades que una máquina no puede reemplazar. Incluso con los enormes avances tecnológicos, sigue siendo un trabajo sumamente peligroso. Árboles de cientos de metros de altura se estrellan contra terrenos rocosos, lanzando troncos y escombros por los aires. Los taladores de árboles deben anticipar cada movimiento y actuar con cuidado para mantenerse a salvo.
Hay que estar alerta y actuar con mucha intención. No se puede andar por ahí sin rumbo, lanzando la sierra por todas partes. Ahí es cuando la gente empieza a lastimarse, añade Miller.
Tras años en esta industria, Miller sabe que su trabajo exige humildad y aprendizaje constante. "Todo lo haces con intención y aprendes de cada experiencia, de cada error, porque es una industria inherentemente peligrosa. Siempre he dicho que si no intentas aprender, debes salir porque estás a punto de salir lastimado o de morir".
PRESERVANDO LA ARTESANÍA
Todos nos beneficiamos del trabajo de los taladores de árboles. Su trabajo proporciona la materia prima para hogares, edificios, herramientas y los innumerables productos que usamos a diario. Pero la industria está cambiando. Con el auge de las cosechadoras mecánicas, gran parte del trabajo más sencillo en terrenos llanos ahora se realiza con máquinas, dejando a los taladores manuales la tarea de encargarse de los trabajos más empinados, rocosos y peligrosos.
“Uno de los desafíos que enfrentamos son los avances tecnológicos en los equipos de tala”, dice Miller. “Ahora somos menos, y tendemos a vernos obligados a adentrarnos en los terrenos más difíciles, complicados, baratos y rocosos que puedas imaginar”.
Y, sin embargo, Miller cree que vale la pena preservar el futuro de la profesión. Para quienes están dispuestos a trabajar duro y aprender el oficio, la tala de árboles ofrece una vida plena y gratificante.
“Hay días que parece un trabajo. Es trabajo manual. Pero tiene un marcado sentido artesanal”, dice Miller. “Desde fuera, parece que estás cortando un árbol. Pero luego empiezas a consultar con alguien que lo hace y te das cuenta de los matices, del conocimiento sobre especies específicas, de cómo reaccionan sus fibras a ciertos cortes… Es un arte”.
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